Spoken Word Roots en el Seminari Noves Pràctiques Poètiques de la Universitat de València

El 28 de septiembre estuve en la Universitat de València para impartir una charla sobre los orígenes del Spoken Word, la Generación Beat y las poéticas experimentales de la oralidad. Aquí os dejo el vídeo completo, ¡que lo disfrutéis!

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The Dharma Beats

The Dharma Beats

The Dharma Beats es una antología de la Generación Beat que rinde homenaje al grupo de escritores retratado por Kerouac en la novela Los vagabundos del Dharma, e incluye poemas de Jack Kerouac, Gary Snyder, Philip Whalen, Lew Welch, Joanne Kyger y Michael McClure. Este libro, que recién sale a la calle, tiene la peculiaridad de poner de manifiesto las diferentes poéticas de los autores beat de la Costa Oeste estadounidense más allá del archiconocido núcleo neoyorquino y de ofrecer una visión de conjunto más amplia de lo que fueron los beats.

Además de una compilación de excelente poesía, el lector encontrará textos que abordan las relaciones entre estos escritores y el impacto que tuvieron en la literatura y la sociedad norteamericana.

Por mi parte, mi contribución se encuentra en la sección de Joanne Kyger y la introducción al volumen, que puede leerse gratis para ir abriendo boca en la página web de Varasek Ediciones, donde también puede comprarse la antología: http://www.varasekediciones.es/the-dharma-beats-vv-aa/

And the Beat goes on.

Reescribiendo la Generación Beat

Empieza el nuevo año y con él la necesidad de recopilar el material que he estado escribiendo durante los últimos meses. En este enlace os dejo todos los artículos y reseñas sobre la Generación Beat que publiqué en 2016 y alguna última novedad:

¡Que los disfrutéis!

“La práctica de lo salvaje” de Gary Snyder

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Gary Snyder

La práctica de lo salvaje

Varasek Ediciones

260 páginas

Gary Snyder y los reflejos del ser salvaje

Al nombrar a Gary Snyder parece casi imposible eludir su pertenencia a la Generación Beat. Inmortalizado en Los vagabundos del Dharma (1958) de Kerouac como Japhy Ryder, la figura de Snyder aparece como símbolo de toda una generación de buscadores espirituales encaminados hacia una nueva conciencia. Pero a diferencia de muchos de sus coetáneos, Snyder trascendió con creces cualquier etiqueta impuesta que lo encajara entre los Beat o los poetas del Renacimiento de San Francisco. Gary Snyder fue y es, en realidad, un estudioso no sólo de las lenguas y culturas asiáticas sino también de su propio mundo, la Isla de la Tortuga (nombre que los nativos otorgaron a Norteamérica). Y aunque Snyder es académico y ganador de un premio Pulitzer, la cultura que reivindica y nos presenta en La práctica de lo salvaje dista mucho de abstracciones estériles vinculadas a un academicismo formal. En cambio, nos presenta una ecología íntegra del ser humano donde no existe distinción entre mente, hombre y naturaleza pues “la naturaleza salvaje está inextricablemente trenzada con el ser y la cultura.”

Atravesar La práctica de lo salvaje es sentir la sensación familiar que se tiene cuando uno se topa con un libro necesario. La obra de Snyder se enmarca en una era en que parte de la comunidad científica habla de un Antropoceno que sustituye al anterior Holoceno por el impacto del ser humano sobre el planeta y los ecosistemas. Reivindicar lo salvaje a todos los niveles (su tierra, cultura, lenguaje, mente) se convierte en un acto radical de conservación esencial de la vida y las especies, una comprensión profunda del ser humano en un sentido ancestral y atemporal.

Con un ethos que guarda claros ecos de Thoreau (al que Snyder cita en diversas ocasiones), el hombre debe relacionarse directamente con su mundo para así leer sus signos y comprenderlo. Para ello es necesario pertenecer a un lugar y su comunidad, caminarlo y vivir su geografía, conocer sus costumbres, su fauna y su flora, su lengua y su literatura oral. Todos ellos son aspectos de la cultura ancestral de cada pueblo, un conocimiento que es necesario mantener y preservar. Pero en su reivindicación no existen dicotomías, ni nos encontraremos con una idealización de Oriente respecto a Occidente, pues cada región dispone de una sabiduría originaria y fundamental. Por ese motivo, el discurso y pensamiento de Snyder se arraiga tanto en el conocimiento de su cultura local como en un budismo que contempla la transitoriedad y la interdependecia como parte de la vida humana y la naturaleza, mientras que a su vez reivindica la antigua sabiduría occidental conectada con lo salvaje. Enfatiza que la filosofía es un “ejercicio enraizado en un lugar”, conectada a la “sabiduría de las abuelas” de cada comunidad, pero a su vez admite el papel que la universidad y las bibliotecas han tenido en la preservación de la sabiduría de nuestra cultura. En una hermosa afirmación, nos recuerda que “los libros son nuestros ancianos maestros”.

A pesar del drama de la pérdida de lo autóctono en favor de un mundo cada vez más globalizado, lo salvaje permanece y se revela como la esencia de la naturaleza, el ser humano y la mente. Snyder nombra los cuerpos como salvajes, con sus ritmos y necesidades biológicas no modificables. La sexualidad aparece también como salvaje, naturalmente lúdica y dionisíaca. Las lenguas son asimismo naturalmente salvajes, y forman parte del paisaje geográfico conformando, junto con cordilleras y ríos, fauna y flora, costumbres y cantos las fronteras naturales que distinguen unas regiones de otras.  Para Snyder, “el lenguaje pertenece a nuestra naturaleza biológica, mientras que la escritura es como las huellas de un alce en la nieve”. Las estructuras básicas del lenguaje no pueden domesticarse y se ubican en los lugares salvajes de la mente, lugar donde también se hallan la imaginación y la expresión artística. Es en la mente es salvaje donde se encuentra el amplísimo territorio desconocido del inconsciente, siendo ésta una extensión de la naturaleza y viceversa. Según Snyder, “cuando los humanos se conocen a sí mismos, el resto de la naturaleza está ahí”. Como cuentan las enseñanzas budistas, la mente lo refleja todo como un espejo siendo los aspectos salvajes de la mente un reflejo de la naturaleza no manipulada por el hombre o su ego.

En el planteamiento de Snyder no hay vestigios de un hippismo sentimental o idealista. Más bien nos ofrece la realidad directa de nuestra animalidad, no separada del resto de seres sintientes. El ser humano, en su integridad y totalidad, forma parte de la cultura que crece en los bosques. Aquí el raciocinio y el pensamiento lógico no son sinónimo de superioridad respecto a otras especies pues, como apunta el autor, los humanos estamos tan sujetos al cambio y a la interdependencia como el resto de seres que pueblan el planeta. Para la especie humana resulta indispensable aprender que “sin alrededores no hay camino, y sin camino no se llega a la libertad”. Para Snyder el hombre está integrado en la región y la tierra, y no puede haber un avance bajo el lastre de intereses individualistas. Los bosques de acacias y secuoyas, los ríos y los coyotes no son sólo un paisaje sino que conforman una cultura colectiva ancestral.

Así, La práctica de lo salvaje se convierte en un atlas de la naturaleza y el hombre que retoma la herencia histórica del trascendentalismo americano y subraya su continuidad espiritual. Vacía de orientalismos superficiales, la obra de Snyder es profundamente honesta y desarrolla una nueva manera de concebir la espiritualidad y la religión. Esta nueva concepción no toma elementos de las filosofías foráneas como una moda pasajera sino que integra el conocimiento de las religiones orientales en la sabiduría local para cambiar la realidad personal y colectiva. La práctica de esa nueva espiritualidad requiere disciplina pero también sentido del humor, un camino medio que el hombre sólo puede desarrollar atendiendo a los signos y revelaciones profundas de su inherente naturaleza salvaje.

Mónica Caldeiro

Publicado en The Barcelona Review, Núm. 88, septiembre de 2016.